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Leopoldo Minaya
                       
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Poemas de
LEOPOLDO MINAYA
La elegancia formal y expresiva de los poemas de Leopoldo Minaya, le han asegurado un sitio enviadiable en la poesía de nuestro tiempo. Sabe jugar con el tiempo de las palabras, sabe romper este tiempo y rearmarlo con tal sencillez y depuración, con tal gracia casi intuitiva y una profunda visión de las cosas de su mundo, un mundo polisémico, policromático, lleno de relieves humanos, como si lo particular y lo universal, concurrieran a la par, en una palabra que quiere más que lo explícito, quiere lo inexplicable, lo difícil de explorar, aquello que toca el hombre pero que el hombre no ha podido abarcar de su propia realidad. José Alejandro Peña

LOS AMANTES

¿Quién desafía al guerrero invencible
colocado a la puerta de una muerte segura?
Los amantes.
Ellos paralizan estancias,
bajo penumbra se eternizan secretos,
abren el anochecer
y sus portales
celebrando la fiesta del tacto en carne viva;
ellos ven sin hablar el levante de un astro
e invocan con afán la estación de las lluvias.
Como amantes,
como Dresde,
giramos destruidos,
destruidamente edificados,
vigorosamente consumidos,
enamoradamente enamorados.


DEL ABRAZO CÓSMICO

Oscuro y reluciente
elige la noche su color elucubrante.
Busca así las estrellas que pacen en oriente.
Se anuda a las constelaciones:
aros, halos envueltos en la luz,
sonámbulas mariposas que tiñen el otoño
y suben la marea.
Todo lo penetra y expone
su ola reverberante.
La noche llega y se lleva los milenios,
pugna por detener marejadas enormes
de luces en lo alto.
Perviven las estrellas y los días.
Algarabía del existir y del sentirnos
(tratamos de evitar duelo y caída)
Pero vamos andando, tomamos aserrín
mientras se adhiere polvo a la madera pensante.
Conocimiento mayor
que se posee:
El soplo se levanta empieza a andar,
errante continuo no caer (¡y no caerse!),
si cae, la muerte y el vacío,
designio del plano horizontal.
Vienen entonces, por olas, los abrazos,
apretados exploramos los abismos.
No caigamos, por tanto, abracémonos...
Si caemos
polvo y ceniza somos, y tiempo sometido.


POEMA DE LOS ENIGMAS

1

Cuando suelen pasar
montañas grises
-vagas torres astrales-
veo la maduración
de la luz sonorísima
revelada en imágenes...

2

"Señor", te llaman,
das vuelta, te ves, eres un niño
colgado de la gran
interrogación esperada..

3

Y te vuelves por ver...
A ver: mirar te llama.
¿Quién no se enredaría entre aspa y remolino
si al hundirse se vive la razón imperfecta?

4

Hay una mano -¿cuál?- que planta las preguntas
en otra mano -¿cuál?- que adrede las reclama.



EL NÚMERO

El secreto del número -el través
de todo lo mortal o aparecido-
ha sumado ha restado ha dividido
desoyendo las leyes de Moisés
Como grupo juntaron treinta y tres
Un siete son los sabios... y esculpido
hay un dos en la flecha de Cupido
y en el Gólgota -heridos- reinan tres
Difundió su semilla en epidemias
abolló las ubicuas polisemias
poseyó las medidas de las ágoras
empapó cada cosa el lecho el vaso
y el mundo saltarín como un payaso
sobre la hipotenusa de Pitágoras


LA REFLEXIÓN DE SAULO

Ya nunca blandiré palabras ni emociones.
Me iré a dormir muy lejos del jardín encendido.
Transformaré mis armas: las fundiré y con ellas
me haré yo la medalla para grabar mi sino.
¿Por qué me anduve siempre escuchando letras muertas?
¿Por qué como alfarero me entretuve en el barro?
¿Por qué hube de esperar todo este tiempo, dígome,
cuando es mejor volverse para besar el látigo!
Yo me oía en la noche, zumbando en mis temores.
La oscuridad en su amplio costado me envolvía
hasta dejarme ciego en mi soledad austera.
Mas mi Damasco tiene su lógica escondida,
porque para el milagro de salvación entera
estaba yo más ciego cuando dijiste: "Mira".

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